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La ruta definitiva: 275 km a través de Mallorca

26 de ago de 2026

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Para el creador de contenido ciclista Luke Michael James, Mallorca es mucho más que un destino para pedalear. Cinco años después de imaginar por primera vez esta ruta, él y Theresa cruzaron la isla desde las primeras luces hasta el atardecer: 275 kilómetros, 5.100 metros de desnivel y dos Colnago C72.

Mallorca ha sido durante mucho tiempo uno de los grandes patios de recreo del ciclismo. Para Luke Michael James, sin embargo, la isla tiene un significado que va mucho más allá de sus carreteras y sus puertos.

Es donde comenzó su relación con el ciclismo en el extranjero, donde compartió sus primeras vacaciones en bici con su mujer y donde recibió una noticia que cambiaría su vida para siempre.

Cinco años después de imaginar por primera vez una ruta ambiciosa a través de la isla, Luke decidió que había llegado el momento de hacerla realidad. Junto a Theresa, y a lomos de dos Colnago C72, salió antes del amanecer con un único objetivo: 275 kilómetros, 5.100 metros de desnivel y una llegada final a Sant Salvador a tiempo para el atardecer.

Esta es la historia de Luke.

Las primeras luces

Las cinco de la mañana. Estoy completamente despierto, al menos una hora antes del despertador.

Estoy listo. Estoy emocionado. Estoy nervioso. Hoy es una ruta que llevo cinco años imaginando, en un lugar que significa para mí más que casi cualquier otro.

Mallorca fue donde rodé por primera vez fuera de casa. Fue donde compartí mis primeras vacaciones en bici con mi mujer. También fue donde me enteré de que mi madre había fallecido.

Creo que eso me unirá a esta isla para siempre.

Para esta aventura, tengo a Theresa a mi lado. Es amable, generosa e increíblemente fuerte sobre la bici. Nos apoya un pequeño equipo en una furgoneta de asistencia y rodamos sobre dos preciosas Colnago C72.

El plan es ambicioso: 275 kilómetros, unos 5.100 metros de desnivel, Sa Calobra por el camino y una subida final al Santuario de Sant Salvador a tiempo para el atardecer.

Sinceramente, no sé si es posible. Pero de eso se trata.

Salimos con optimismo, ilusión y, me atrevo a decir, un punto de ingenuidad.

Las primeras subidas muerden, pero las piernas están frescas y el ánimo alto. Mallorca despierta lentamente a nuestro alrededor. Paramos un momento a tomar café en la gasolinera de Sa Batalla, un ritual familiar antes del siguiente reto.

 Colnago
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Entonces llega Sa Calobra.

La carretera se retuerce y se pliega entre las montañas, llevándonos hacia una de las subidas más famosas de la isla. Preciosa, espectacular y absolutamente despiadada.

Una vez que bajas a Sa Calobra, solo hay una salida. Hacia arriba. Así que nos lanzamos. La subida es todo lo que esperábamos, y más.

La temperatura alcanza los 36 grados, apenas corre una brizna de viento y el calor empieza a pasar factura. Empiezo a desfallecer.

Theresa no se queja. Simplemente sigue adelante, constante y tranquila, haciendo de algún modo que la subida parezca más llevadera. Me levanta sin siquiera intentarlo.

Se lo agradezco.

 Colnago
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Encontrar el ritmo

Después del Puig Major, la bajada es pura alegría. Es probablemente lo más divertido que he vivido sobre una bici en muchísimo tiempo.

La C72 se siente asentada, reactiva, perfecta.

 Colnago
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Abajo chocamos los puños.

Luego seguimos rodando. Las horas pasan. El calor aprieta. La distancia que queda por delante sigue siendo enorme.

La carretera nos lleva por la espectacular costa de Mallorca. Bajo nosotros los yates se deslizan sobre el agua azul mientras seguimos las curvas por encima de ellos, ese tipo de paisaje que te hace olvidar, por un momento, cuántos kilómetros quedan todavía.

A las tres de la tarde, llegamos a Port d’Andratx. Y de repente tenemos una decisión que tomar. ¿Parar a comer o seguir apretando?

El día se nos escapa, pero sabemos que tenemos que alimentarnos bien.

Corremos el riesgo y nos sentamos a comer, sabiendo que el esfuerzo posterior tendrá que ser de verdad.

No hay más tiempo que perder.

Contra el reloj

Mientras nos dirigimos hacia las carreteras más llanas, perdemos la furgoneta de asistencia.

Nos estamos quedando sin agua. Tenemos que recuperar tiempo. Esperamos. Sin cobertura. Sin respuesta. Ni idea de dónde está la furgoneta.

Por un momento, todo el plan pende de un hilo. Justo cuando estamos a punto de seguir sin agua, aparece la furgoneta.

Nos reagrupamos. Rellenar. Comer. Ir a por todas. A partir de aquí, la ruta cambia. Se convierte en una contrarreloj a dos contra el sol que se pone.

En algún punto del camino encuentro un segundo aire. Theresa y yo empezamos a tirar el uno del otro, dándonos relevos, encontrando un ritmo. El hielo de los bidones se derrite contra nuestros cuellos mientras surfeamos el viento de cola hacia los últimos kilómetros.

 Colnago
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Y entonces la vemos. La última subida.

Sant Salvador espera a lo lejos. Pero el atardecer también.

Juntos

La tensión empieza a notarse. Pierdo la rueda de Theresa una y otra vez.

A ella le preocupa fallarme, le preocupa que no lleguemos a tiempo.

Pero a estas alturas el resultado importa menos que el hecho de estar haciéndolo juntos.

Le digo: pase lo que pase, aunque no lleguemos antes de que el sol desaparezca, llegaremos juntos.

 Colnago
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Los últimos kilómetros duelen. Pero las vistas que tenemos delante hacen que el dolor se olvide más fácilmente. La carretera sube. Las montañas se vuelven doradas. La isla se extiende bajo nosotros.

Y entonces, de algún modo, ya estamos allí. Coronamos justo cuando el sol toca la sierra.

Apenas hay tiempo para hacer fotos. Peleamos con cámaras y móviles mientras la luz desaparece casi tan rápido como llegó. Pero da igual. Estamos aquí. Lo hemos conseguido.

 Colnago
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Lo que queda

Mientras la última luz se apaga sobre Mallorca, me embarga la emoción. Pienso en lo que acabamos de lograr juntos. Pienso en mi mujer. En mi hija. En mi madre. Sé que una salida en bici como esta no cambia el mundo. Pero en ese momento, para mí lo significa todo. Cinco años después de imaginarla por primera vez, hemos cruzado Mallorca desde las primeras luces hasta el atardecer. 275 kilómetros. 5.100 metros de desnivel. Sa Calobra. Puig Major. Sant Salvador. Y dos personas que se negaron a dejarse atrás la una a la otra. La C72 estuvo ahí en cada parte del viaje, desde los primeros kilómetros silenciosos de la mañana hasta la subida final entre la luz que se apagaba. Pero la bici es solo una parte de la historia. El resto es Mallorca. La carretera. La gente que va a tu lado. Los recuerdos que llevas contigo. Y los que creas por el camino. Este fue el día definitivo sobre dos ruedas. En todos los sentidos que importan.

Mira la emocionante aventura de Luke y Theresa a bordo de sus C72 por las carreteras de Mallorca.

Haz clic en el siguiente enlace para verlo: el vídeo de Luke sobre su increíble día en Mallorca

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